Cuando todo iba bien nadie empleaba el latiguillo ese de
poner en valor.
Pero empezó a propagarse y ya no sólo lo decían los arquitectos, los promotores o los concejales de urbanismo; también los que entrevistaban por la radio, los presentadores de telediario y, por supuesto, la mayor parte de los políticos, en especial los autonómicos.
Así, paradójicamente, la divulgación de la frase
poner en valor ha sido paralela a la expansión... ¡de la crisis!
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