Mediados los setenta, en un Colegio Mayor de Madrid, uno de los colegiales más antiguos se ejercitaba en la poesía a la hora del desayuno. Mientras se servía generosas raciones de bizcocho, decía para sí:
-Y será para el diente dulce escollo, la blanda miga del dorado bollo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario