-La primera, decisiva para los sistemas estatales de salud, es que no conlleva gasto alguno.
-La segunda, que la hace aconsejable para cualquier enfermo, es que no suele tener contraindicaciones.
-Y la tercera, utilísima para los doctores, es que permite comenzar a culpar al paciente de los trastornos que le sobrevengan. Para traspasar la responsabilidad al enfermo bastará con interrogarle minuciosamente acerca de si camina realmente a diario, de si lo hace durante el tiempo establecido, de si marcha con decisión o se detiene a mirar escaparates, etc., etc.
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