lunes, 17 de marzo de 2014

Presión


La empresa propietaria de un tren que atravesaba lugares secos y polvorientos no lograba evitar que el polvo penetrase en los vagones a pesar de haber instalado ya todo tipo de sistemas de aislamiento en puertas y ventanillas.

Hasta que alguien tuvo la idea genial: había que presurizar ligeramente el interior del tren. Así, sencillamente el polvo no podía entrar.

Este sucedido tiene innumerables aplicaciones para la vida. Habitualmente afrontamos los males con remedios demasiado convencionales. Pocas veces -cuesta más- elevamos la presión interior, único modo de impedir la contaminación.






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