jueves, 17 de abril de 2014
Indirecta
En mi personal catálogo de filias y fobias el uso de la luz indirecta se encuentra entre las primeras, ocupando uno de los primeros lugares de la lista.
Nada más amable que una estancia iluminada con este tipo de luz. Y, hábilmente combinada con alguna que otra ayuda lumínica, nada más indicado para leer, escribir, pensar...
Por contra, las luces en el techo me traen el recuerdo de las fábricas y de las oficinas públicas. Por más que sigan instalándose en los domicilios o en los despachos.
Habría que fundar la asociación de Amigos y Defensores de la Luz Indirecta.
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