miércoles, 2 de julio de 2014

Café


El hecho simple de pedir un café con leche en un bar puede dar mucho de sí.

Por ejemplo, según el modo de responder a la petición de un cliente desconocido, se llegaría a la siguiente clasificación de los establecimientos:
a) Los que lo sirven directamente en taza.
b) Los que lo sirven directamente en vaso.
c) Los que preguntan previamente al cliente si lo quiere en taza o en vaso.

Lo que ya nos ofrece interesantes cuestiones para el debate:

Una. -¿Porqué los dos primeros optan por la taza o por el vaso sin pedir previamente la opinión al cliente? ¿Qué razones les llevan a dar por sentado que la suya es la única o la mejor opción?

Dos.- También respecto a los dos primeros grupos, ¿porqué la taza? o ¿porqué el vaso? Es decir, ¿qué fundamenta en cada caso una decisión tan concluyente?

Tres.- En cuanto al tercer grupo, ¿verdaderamente es necesario responder a un extenso cuestionario cada vez que queremos algo tan simple como tomar un café? (solo o con leche; cafeinado o descafeinado; sobre o máquina; cuánto café; cuánta leche; leche fría, templada o caliente; azúcar o sacarina; taza o vaso; taza grande, mediana o pequeña...)








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