Habitualmente se insiste en la necesidad de
repasar los escritos. Y con razón, pues son muchas las deficiencias que presenta un texto en su primera redacción.
Yo subrayaría además la conveniencia de dejarlos
reposar, venciendo la natural tendencia a enviarlos o publicarlos nada más concluir la escritura.
Se evitan así fallos que, aviesamente, se esconden en las primeras lecturas. Y se puede volver a repasar lo escrito con otros ojos, con otra perspectiva.
Así que la fórmula sería:
repaso + reposo + repaso
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