Es una pena que ya casi no se utilicen exlibris.
Además de cumplir con su función básica -dar fe de la pertenencia del libro a la biblioteca del titular- ofrecen una excelente oportunidad para confesar al mundo alguna idea o creencia que a uno le resulta particularmente querida.
Con alguna frecuencia doy vueltas a frases que podrían campear en un exlibris. Se prestan mucho a ello algunos refranes o dichos. Por ejemplo, la sabia y castiza aseveración de que
No hay mal que por bien no venga
La que vale es ella
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