Se supone que uno vota a la opción política que mejor recoge la propia opinión.
No obstante, hay datos que abonan la existencia de otros criterios quizá más determinantes a la hora de decidir el voto. Por ejemplo:
-"Votar en contra"; consiste en elegir la opción que más daño pueda hacer al partido que uno detesta.
-"Votar por el ganador"; se trata de olfatear durante la campaña qué opción se perfila como ganadora y votarla por ese motivo, acudiendo -como suele decirse- en auxilio del vencedor.
-"Votar por carambola"; no se apoya al partido preferido sino a otro del que se piensa que está en mejor posición para impedir que lleguen al poder quienes sostienen tesis contrarias a las propias.
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