Se cuenta que un fabricante de zapatos envió a dos de sus empleados a sendos países africanos con la misión de explorar las posibilidades de vender allí sus productos.
Al poco tiempo recibió dos telegramas, uno de cada empleado.
El primero decía:
No hay nada que hacer. Aquí nadie usa zapatos
El segundo informaba así:
Posibilidades fabulosas de negocio. Casi toda la población necesita zapatos
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