Me cuentan de una señora mayor, histórica feligresa de la parroquia del barrio, que iba a cumplir cien años en el siguiente mes de agosto.
Las amigas se lo comentan al párroco en presencia de la interesada con unos meses de antelación y el sacerdote manifiesta la oportunidad de organizar algún festejo el día del cumpleaños.
-Me parece bien, dice la señora, pero lo que pasa es que para entonces yo ya no estaré...
Contesta el párroco:
-¿Pero cómo puede usted decir eso, con la buena salud que tiene pese a su edad...?
Ante lo que aclara la feligresa:
-No, me refería a que en agosto estaré en el pueblo...
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