El buzón de la cuenta de correo electrónico sirve para probar la falsedad de una sensación muy común: la de que, pese a nuestros constantes desvelos por los demás, casi nadie se preocupa de nosotros.
Basta pinchar en
Recibidos y en
Enviados para comprobar que el número de los primeros prácticamente duplica al de los segundos.
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