Cuenta José María Iribarren que conoció en un pueblo de Navarra a un paisano al que llamaban "El Lupia" y que solía repetir:
-A mí me da igual vivir que morirme
A lo que algunos le espetaban:
-¿Y por qué no se muere usté?
Respondía "El Lupia":
-Pues por eso: porque me da lo mismo
(En "Retablo de curiosidades. Zambullida en el alma popular ", 1971, pág. 115)
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