De entre las señales de tráfico en vigor, sólo una me resulta algo menos antipática.
Se trata de la que, al salir de los túneles, nos interroga acerca de si ya hemos apagado las luces o no.
Aprecio en ella algo inexistente en las demás: una ligera muestra de interés por la conveniencia del conductor, una inesperada cordialidad en el bosque de prohibiciones, órdenes y amenazas que el automovilista atraviesa en cada uno de sus desplazamientos.
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