En los hoteles, durante el desayuno
buffet, suele haber cola para llenar el vasito de zumo de naranja.
Con cierta frecuencia, quien ya lo ha llenado tiene la desfachatez de bebérselo allí mismo, repitiendo la operación antes de dejar paso al resto.
Ejemplo supremo de insolidaridad, habitualmente correspondido con un puñado de miradas asesinas.
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