miércoles, 28 de mayo de 2014
Predilección
Hay un curioso fenómeno que pone de relieve la predilección por el lejano frente al cercano.
Me explico: cuando estamos con alguien que ha venido a visitarnos, en vez de atenderle en exclusiva, no dudamos en descolgar el teléfono en cuanto lo sentimos sonar. Damos así una injusta prioridad a quien no se ha molestado en desplazarse para vernos.
Hay un segundo momento del mismo fenómeno: cuando estamos al teléfono y suenan los pitidos que informan de que una nueva llamada está tratando de entrar. Entonces también colgamos al interlocutor telefónico inicial (del cual al menos ya sabíamos quién era) y corremos a atender a un tercero del que ignoramos incluso la identidad.
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